sábado, 28 de marzo de 2015

No tenemos arreglo.

Maldita sea. En toda nuestra vida nos han enseñado a compartir y creo que eso nos ha vuelto más egoístas. Todos seguimos a uno y ese uno es la sociedad. Gente con el mismo criterio que se limita a sacar a relucir lo peor de tí y tu persona. Por eso seguimos a las masas, para evitar problemas con los demás. Así es como nos escondemos hoy en día, tras una máscara que esconde nuestro verdadero yo. Pero no es eso a lo que vengo a hablar. Somos egoístas. Y no podemos evitarlo. Lo queremos todo cuanto podamos obtener. Aunque no nos lo podamos permitir. No pensamos ni un segundo en lo que quieren los demás. Yo, yo y yo. Soy una persona libre y puedo pensar como quiera. ¿El dinero compra la felicidad? Sí, sí y sí. Rotundamente. Si tuviésemos tanto dinero como quisiéramos lo gastaríamos en cosas o bienes que nos hicieran más felices. Tal vez ayudaríamos a personas que lo necesitaran. O tal vez no. Depende del grado de egoísmo. Pero es algo que no se puede evitar. Pensamos en nosotros mismos todo el tiempo y no apreciamos lo que de verdad tenemos. Y es así como perdemos tiempo y la misma felicidad.
Somos personas egoístas.
Y no hacemos nada para remediarlo.
Porque realmente no podemos.
Somos así y así seremos en un futuro.
Un futuro vacío y oscuro lleno de adornos que tapen sus desperfectos.
Vaya mentira.

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