sábado, 15 de febrero de 2014

Todo bien.

Todo iba bien. O por lo menos eso parecía. Hasta una noche. Un jueves lluvioso, a las cuatro de la madrugada. Lo recuerdo como si fuese ayer, aunque de echo, no hace tanto tiempo.
Oía gritos en la habitación de al lado. Y luego, lágrimas. No las oía, pero si sus voces rotas rompiendo a llorar.
Otra persona fue al encuentro de esas tristes voces, y una de ellas se dejó de escuchar. Se había marchado. ¿Por un tiempo? Quién sabe. No volví a dormir.
Días después volvió uno de ellos. Y todo volvió a ser normal por unos días. Fue una magnífica interpretación por su parte. Felicidades. No lo había pasado nunca tan mal hasta entonces.

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